Dígame
Dígame, amigo mío,
transvanguardista.
Para qué gastas tus balas en este cementerio?
Para qué te muerdes las yemas de los dedos hasta hacerlas sangrar.
Si al fin y al cabo todos saben que somos los mismos desgraciados muertos de frío que alguna vez nos juntamos en Bandera.
transvanguardista.
Para qué gastas tus balas en este cementerio?
Para qué te muerdes las yemas de los dedos hasta hacerlas sangrar.
Si al fin y al cabo todos saben que somos los mismos desgraciados muertos de frío que alguna vez nos juntamos en Bandera.
Si a todos nos mataron un amigo a puñaladas,
y fuimos lo suficientemente cobardes ese día
como para irnos a la casa chorreando mocos
como algún día lo hizo Hansel y Gretel con el pan.
Si nadie llegó al día siguiente a la esquina,
y con el tiempo nadie volvió a hablar de eso,
pues todos teníamos ya nuestras puñaladas bien puestas.
Y yo me encerré en mi casa por años,
porque quería ser artista.
Pero al final todos sabían que aunque estuviéramos colgados,
en mi casa había tevecable.
y fuimos lo suficientemente cobardes ese día
como para irnos a la casa chorreando mocos
como algún día lo hizo Hansel y Gretel con el pan.
Si nadie llegó al día siguiente a la esquina,
y con el tiempo nadie volvió a hablar de eso,
pues todos teníamos ya nuestras puñaladas bien puestas.
Y yo me encerré en mi casa por años,
porque quería ser artista.
Pero al final todos sabían que aunque estuviéramos colgados,
en mi casa había tevecable.

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