Franja de Gaza
Vamos cargando por la vida buenas costumbres
hasta que el tiempo prueba lo contrario.
No importa cuanto cariño haya en esto, no importa,
porque siempre hay algo que nos hace creer que mas allá todo es [mentira,
y que aun somos demasiado jóvenes para comprometernos en este [camino,
curioso camino,
a donde?
Formas, miles de formas de mal entender,
de no considerar.
y al fin y al cabo que importa,
si las distancias son como los muros de Berlín,
las Franjas de Gaza que tenemos que tolerar inevitablemente.
Dentro, muy adentro, está todo dicho y no hay discusiones.
Pensamos hoy en el hambre como ayer pensábamos en el sexo,
y las realidades virtuales se vuelven escalofriantes puntos de [convergencia.
No queda tiempo,
no queda nada de tiempo.
Tomamos hoy cursos superintensivos porque no queda tiempo,
nos llamamos a horas inverosímiles porque no queda tiempo.
Yo me automedico y me muero de insomnio.
Parezco un zombi y tu no me quieres abrazar por temor a que te coma [el cerebro.
Pero no cariño, no.
Acá los zombis también pensamos, nos enamoramos a ratos.
El tiempo de los zombis es distinto,
no hay Franjas de Gaza en nuestras cabezas putrefactas.
No nos preocupa el dolor porque las extremidades se nos caen a [pedazos
y es parte de lo lindo de estar en descomposición.
Te dedicaría canciones malas,
te invitaría a un karaoke en Bellavista.
Los buenos tiempos y los malos tiempos son una cosa totalmente [variable,
hablo de predisposición.
Como dicen unos:
El karate es una cosa del espíritu.

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